Consideraciones sobre el cancer

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Cáncer es el nombre que se le da a un conjunto de enfermedades, en donde algunas de las células del cuerpo empiezan a dividirse sin detenerse y se diseminan a los tejidos del derredor.

El cáncer puede empezar casi en cualquier lugar del cuerpo humano, el cual está formado de trillones de células. Normalmente, las células humanas crecen y se dividen para formar nuevas células, a medida que el cuerpo las necesita. Cuando las células normales envejecen o se dañan, mueren y células nuevas las reemplazan.

 

Sin embargo, en el cáncer, este proceso ordenado se descontrola. A medida que las células se hacen más y más anormales, las células viejas o dañadas sobreviven, cuando deberían morir, y células nuevas se forman cuando no son necesarias. Estas células adicionales pueden dividirse sin interrupción y pueden formar masas que se llaman tumores.

Muchos cánceres forman tumores sólidos, que son masas de tejido. En la sangre como, las leucemias, en general no se forman estos tumores.

 

Enfoque del cáncer desde el paradigma de la Bioneuroemoción®

 

Para comenzar entendemos que, “la enfermedad” es un estado que indica que el individuo, en su conciencia, ha dejado de estar en orden o armonía. Hay una necesidad biológica insatisfecha, que hay que resolver.

 

La biología siempre tiene un sentido y una intención concreta, adaptada a un ambiente determinado y debemos recordar que, “somos seres biológicos”.

 

También tenemos muy en claro, que la psique humana (consciente e inconsciente) interactúa constantemente con el cuerpo, produciendo una serie de sensaciones físicas que en determinado contexto se pueden manifestar como una enfermedad. No hay que olvidar que la psique no puede diferenciar entre lo real y lo imaginario. Una experiencia crea un ambiente y las células simplemente se adaptan. 

Diversos estudios han demostrado, que el historial emocional de los pacientes desempeña una función en la enfermedad y en su evolución. Es muy importante comprender también, que existe una relación entre la célula cancerígena y la psique humana, es más, se puede hacer un paralelismo entre las características de una célula cancerígena y las de una persona que tiene cáncer. Ejemplo:

 

  • La célula cancerígena presenta una maduración incompleta o carece de ella; se las conoce como células indiferenciadas.

Una persona con cáncer es “emocionalmente inmadura”, vive las situaciones cotidianas con más estrés que un sujeto emocionalmente maduro. Son personas con una gran desvalorización y que dan mucha importancia a lo que puedan pensar los demás.

 

  • La célula cancerígena tiene un potencial ilimitado para dividirse: se multiplican incesantemente y crecen de manera incontrolada.

Una persona con cáncer, no sabe decir «no, hasta aquí he llegado». No saben poner límites. Se centran en la vida de otros, están desconectadas de sí mismas, sin ser conscientes de, hasta qué punto, esto afecta a su propia salud y estado interno.

 

  • La célula cancerígena presenta alteraciones en la permeabilidad de la membrana: pierden la regulación entre las sustancias que habitualmente entran y salen de la célula.

Una persona con cáncer se deja invadir constantemente, siempre a la espera de un posible reconocimiento. No sabe sacar a los demás fuera de su vida, pues su vida son los demás.

 

  • La célula cancerígena no responde a los estímulos del entorno, por ejemplo:  hormonas o factores de crecimiento   

Una persona con cáncer no se escucha a sí misma, siempre se justifica y justifica a los demás. No se nutre de las circunstancias o elementos del entorno que podrían enriquecerla.

 

QUÉ PASA EN LAS METÁSTASIS…

Desde la óptica del nuevo paradigma de la Bioneuroemoción®, la aparición de un segundo tumor cancerígeno obedece al impacto de un “segundo conflicto emocional”. Este segundo conflicto puede estar ligado al primero. Muchas veces se trata de un conflicto ocasionado al escuchar del médico la palabra “cáncer” y experimentar, por ejemplo: “miedo a la muerte” o un conflicto por el pronóstico: “¿cuánto me queda de vida? o ¿qué pasará con mi familia? “ 

Así, podemos distinguir un cáncer primario —como respuesta a un primer conflicto— de un cáncer secundario como respuesta a un segundo conflicto. 

 

En mi experiencia de transitar la medicina alopática o tradicional, observo por parte de la misma, la tendencia a enfocarse sólo en hacer diagnóstico y tratar los síntomas, como así también a relacionar su aparición, a un hecho fortuito, la herencia o al ambiente, sin ir más allá.

Sumado a esto, cuando una persona escucha la palabra cáncer, aparece un agregado letal y ese es el PÁNICO, que paraliza, desespera y no permite ver más allá, no sólo a la persona involucrada sino a sus seres queridos.

También hay que decir, que no son pocos los médicos, que no se sienten preparados para acompañar al paciente en este trance, ya que ellos, experimentan la misma impotencia ante este diagnóstico. 

La enfermedad no es un obstáculo que se cruza en el camino, sino que tiene un ¿para qué? …

 

Viene a recordarnos que hay una necesidad biológica insatisfecha que la psique no pudo resolver y lo hizo el cuerpo; con una emoción oculta que la alimenta y sostiene, de la que desconocemos (porque es inconsciente). ES UNA SEÑAL QUE NOS VIENE A DECIR, ALGO DE NOSOTROS.

 

Podemos concluir que no se trata solo de “vencer al cáncer” sino también, comprenderlo para poder así comprendernos a nosotros mismos.

Partimos de la base, de que lo que hay que sanar es la mente, porque el cuerpo no puede hacer nada por sí mismo. Tomar consciencia de a qué nos estamos adaptando y que creencia tenemos que cambiar en nuestras vidas, para dar el paso.

De esta manera, podremos reescribir esta experiencia y aprender de ella, y en esta instancia, al cuerpo, “sólo le restará acompañar”, optimizando así, todo lo que la medicina tiene para ofrecer.

 

                …En la representación de una tragedia, lo trágico no es el escenario, sino la obra

                                             Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, en “La enfermedad como camino”