DIABETES

La diabetes es una enfermedad en la que los niveles de glucosa (azúcar) de la sangre están muy altos. La insulina, elaborada por el páncreas, es una hormona que ayuda a que la glucosa entre a las células para suministrarles energía. En la diabetes tipo 1, el cuerpo no produce insulina. En la diabetes tipo 2, la más común, el cuerpo no produce o no usa la insulina de manera adecuada. Sin suficiente insulina, la glucosa permanece en la sangre aumentando sus niveles allí (hiperglucemia), pudiendo afectar especialmente al corazón, arterias y riñones.

 

Conflicto biológico

 

Ya sea por falta de insulina (DBT tipo I) o que esta sea producida, pero haya una resistencia de la célula, a la acción del a misma (DBT tipo II), el resultado final será la “hiperglicemia”.

El sentido biológico, o sea el “para qué” del aumento de la glucosa en sangre (hiperglucemia), es que la persona tenga más energía para resistir por más tiempo, hasta que se resuelva el conflicto.  Siempre hablando en sentido simbólico, claro.

El conflicto de la diabetes puede relacionarse con personas que se aíslan, para resistir a las invasiones. Esto se debe al paralelismo simbólico con las células del páncreas que secretan la insulina y que se llaman Islotes de Langerhans. Ejemplo: “mi padre no me deja vivir, no puedo ponerle límites”. Casi siempre diabetes también implica: “casa dividida por dos”.

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Ejemplo: cuando otras personas entran en mi casa, no me toleran o no los tolero, me aíslo o me aíslan (resisto). Las relaciones frías y distantes dentro del clan o sociedad producen aislamiento.

 

Algunas frases que he escuchado, en las consultas:

"No supero la muerte de mi hijo mayor, pero debo ser fuerte, por mi mujer y mis otros hijos”.

"En mi familia no existo, no me siento parte y siento que no puedo hacer nada".

“Mi madre y mi mujer se odian, y yo siempre en el medio conciliando las partes. Es agotador” 

"Debo resistir junto a mis hijos, el alejamiento de su padre, que ya ha formado otra familia".

"El amor es tóxico, peligroso”. 

 

“Cada uno siente que tiene sus propias batallas y que las tiene que librar solos, que toda la energía que hay que poner, no es suficiente... y va por más.

Tomar conciencia de ello, o sea, anoticiarnos de este, nuestro combate oculto y solitario, nos dará la posibilidad de volver a mirar la historia y tal vez descubrir, que tal batalla es sólo mi creencia... que no estoy tan sólo como creo… o que puedo abandonarla. Porque aislarse para resistir, es una forma de  morir lentamente, a la vida”.