¿qué relación tengo con mis padres?

Sin importar la edad que tengamos, si hemos sentido que mamá o papá estuvieron lejos, física o emocionalmente, esto puede condicionarnos en nuestra edad adulta, como hijos y como padres también.

 

Es importante poder ver esta situación, y qué esperamos o no hemos perdonado, de ellos aún y que ni siquiera somos conscientes.

 

Primero hay que saber, que el amor de los padres siempre viene de la mano de las experiencias que ellos tuvieron como hijos y que ambiente emocional los acompañó.

 

Si estos padres, vivieron un clima de abandono o carencias, tuvieron que cumplir el rol de “padres de sus propios padres” o de sus hermanos o sufrieron destratos, en cualquiera de sus formas, esa experiencia los moldeará a ellos, para ser padres después.

 

Una vez tengan sus propios hijos, es importante reconocer el nuevo ambiente emocional que han creado.

 

 Por ejemplo, si mamá durante la concepción, embarazo, parto o primera infancia del niñ@, vive un clima de angustia, soledad, abandono, pérdida de un ser querido o cualquier situación que la perturbe emocionalmente, eso impactará en la hij@, como bien lo explica la Epigenética.

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Otra situación podría ser la de una madre, que toma a uno de sus hijos para aferrarse, ya que su marido es un ausente emocional. Esto generará una relación de dependencia entre ambos, en desmedro de sus hermanos, quienes se pueden sentir abandonados o no elegidos por ella …En fin, se podrían citar infinidades de ejemplos.

 

Conocer las historias permite entender por qué el vínculo con cada hijo es diferente, que cada uno vivirá la relación de una manera distinta y con ello, los conflictos.

 

Ante una situación de conflicto con cualquiera de nuestros padres que nos enoja, nos limita o nos llena de culpa, hay otro camino: “conocer, para comprender y perdonar”. Ésto, es la clave, para salir del victimismo y de la eterna espera que, sin darnos cuenta, muchas veces sostenemos.

 

Claro, inconscientemente todavía esperamos que nuestros padres sean, como hubiésemos querido que sean, y como no sucede entonces, seguimos esperando.

 

Hay que reconocer que hay padres, que no tienen la capacidad emocional o son tóxicos, sí, es verdad, pero comprender la situación, nos permitirá tomar la distancia emocional o física, necesaria para que ello no nos condicione y que siga alimentando nuestro resentir.    

 

“Nadie puede dar lo que no tiene”. Hay que reconocer que hicieron lo que pudieron con lo que tuvieron y que nosotros, podemos identificarnos desde otro lugar, poder armarnos con herramientas propias, para dejar el victimismo y soltar, o sea, perdono: “dono la percepción que tengo de otro”.

 

Poder tomar consciencia de esto, es el camino para salir de este espiral que no termina, arruinando nuestro vínculo con ellos, con nuestros hijos y con cualquier lazo afectivo que creamos.

 

Será una decisión personal, que podremos optar o no. De nosotros dependerá, hacer uso de nuestra propia libertad y madurez emocional.